Una de cal y otra de arena: buena y mala utilización de códigos QR

En Creatividad QR seguimos sorprendiéndonos positivamente cada vez que, yendo por la calle, descubrimos una campaña publicitaria en la que se está haciendo uso de los códigos QR. Sinceramente, pensamos que cuanto más uso se haga de la tecnología, más avanzaremos en su conocimiento por parte de los usuarios y más efectivo será, por tanto, su empleo para comunicar o publicitar ideas o productos.
Pero también pensamos que hacer un mal uso de los códigos QR no solo no traerá ningún beneficio derivado de su inclusión en la campaña, sino que dañará su potencial a futuro como elemento de conexión con el usuario/cliente final. Si la gente escanea códigos que no son legibles, no llevan a un sitio optimizado para móviles o no aportan un incentivo a su escaneo, dejarán de hacerlo, y habremos perdido su capacidad motivadora de “descubrir lo que hay detrás”.
El caso es que insistimos en todo esto, de lo que ya hablamos en el anterior post Sobre el uso de los códigos QR en España, porque esta semana hemos encontrado dos ejemplos bien distintos de utilización de códigos QR, además personalizados, en los que se da una de cal y otra de arena.

- Empecemos por el ejemplo de mala utilización:

En esta campaña de una joyería ubicada en el Metro de Madrid ha habido un intento de personalizar el código QR adaptándolo a la creatividad del póster. Sin duda es lo correcto. Para que el código destaque debe ser visible y atractivo, no desentonar con el diseño del resto del cartel. Pero, por desgracia, los códigos no son tan flexibles como en un principio pareciera: hay unas cuantas reglas que cumplir para llevar a cabo una personalización que garantice su lectura.

En esta imagen se ve un poster ubicado en el metro de Madrid con un código QR personalizado de manera errónea.

En este caso el diseñador ha invertido el color del código estándar, y eso simplemente no funciona. El diseñador no tiene por qué saberlo y por eso es bueno contar con especialistas para incluir este tipo de recursos en una campaña convencional que hacemos con nuestra agencia de publicidad habitual. No debe haber problema en colaborar con otros para lograr buenos resultados. Lo que es menos lógico es que nadie haya comprobado si el código funciona cuando se ha presentado la creatividad y antes de imprimirla y colgarla en los soportes publicitarios que se hayan elegido. Más aún: hemos visto el código en el perfil de Twitter de la empresa y ahí sí está bien implementado —bueno, han usado un código estándar sin personalizar—, pero la web a la que dirige, la principal de la marca, no está optimizada para teléfonos móviles y, desde luego, no aporta ningún incentivo al usuario a la hora de escanear el código (ofertas, promociones, etc…).

- Ahora, el ejemplo de buena utilización:

Envoltorio de planta decorativa con un Código QREn este segundo caso, tenemos una campaña con códigos QR muy original: una empresa de plantas de decoración que ubica en sus envoltorios un QR personalizado, al que simplemente han modificado el color, para que vaya en sintonía con el resto del diseño. De manera muy apropiada, han colocado al lado del código un teléfono móvil para que se dé a entender que puede ser escaneado. Esto es una recomendación que por ahora sigue siendo necesaria, pues todavía hay mucha gente que no sabe lo que es un código QR; seguro que a futuro podremos prescindir de ella, pero aún es pronto. Y por último, el código dirige a una web optimizada para móviles. El único pero, es que en este caso la empresa es holandesa, y no ha traducido su web para usuarios del resto de países a los que exporta. Esto nos impide juzgar si el contenido es apropiado, en cuanto a que ofrezca alguna recompensa al que lo escanea, pero al menos sí podemos decir que está garantizada su correcta lectura, (a quien sepa holandés, xD) por la adaptación del diseño a pantallas pequeñas.

En definitiva, concluimos que los códigos QR hay que utilizarlos dentro de una estrategia previamente definida, en la que hay que cuidar la forma en la que se personaliza e inserta el código en la campaña, y si cabe, más aún, el contenido que hay detrás del código; sea este una web informativa, un cupón promocional, o una landing page específica de la campaña.